Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -Estos formidables corsarios, sir Moreland, no tienen la pretensión de mantener en jaque durante muchos años a las escuadras inglesas. Saben muy bien la suerte que les espera, y no ignoran que un dÃa cualquiera, sus cadáveres irán a dormir el eterno sueño en las tenebrosas profundidades del mar, o en el fondo de cualquier abismo.
-¿Y lo sabe también la señorita Damna? -preguntó, estremeciéndose, el angloindio.
-Lo supongo, sir Moreland.
-¡Ah! ¡No! ¡Desembárquela usted! ¡Sálvela!
-Es imposible. Aquà combaten su padre y sus protectores, a los cuales, según tengo entendido, les debe la vida y no los abandonará -contestó el americano.
Sir Moreland se pasó una mano por la frente y dijo, como si hablara consigo mismo:
-¡SerÃa mejor que las escuadras nos echaran a pique a todos! ¡Por lo menos habrÃamos terminado y yo no oirÃa ya más el grito de la sangre que clama venganza!