Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico LOS COMPAÑEROS DE BILL
Un hombre se había levantado del césped, y después de aquella exclamación habíase dirigido hacia los expedicionarios, parándose, sin embargo, de trecho en trecho para restregarse los ojos, como si no diera crédito a lo que veía.
¡Qué hombre aquél! Era alto, delgado, como si hiciera semanas que no comía, extenuado, lívido. Una barba hirsuta y rojiza le caía hasta la cintura, y sus cabellos, largos y descuidados, le caían por los hombros esqueléticos; tan seco y consumido estaba.
Algunos sucios pingajos, que recordaban vagamente la forma de una casaca y unos calzones destrozados, trataban en vano de cubrir aquel cuerpo delgadísimo y lleno de contusiones.
—Pero ¿eres tú, Bill? —volvió a preguntar aquel desgraciado.
—¡MacBjorn! —exclamó el náufrago—. ¡En qué estado te encuentro!
—Un poco delgado, no digo que no; pero todavía vivo a despecho de esos pillos antropófagos, que me han dado muy malos ratos… Pero, por lo que veo, no estás solo.
—Da, ante todo, las gracias a este señor, el capitán Hill, dueño de la «Nueva Georgia», que viene expresamente para salvaros a todos.
