Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico EL DOMADOR DE TIGRES
La victoria de los caníbales era completa. Aquel ataque furioso e irresistible, sus lanzas, sus pesadas mazas, y sobre todo la superioridad de su número, veinte veces mayor al de los defensores, habían triunfado sobre el valor y las armas de fuego de los hombres blancos.
Los marineros, después de haber hecho prodigios de valor y de haber visto caer a seis de los suyos, se hallaron impotentes para contener la furiosa irrupción del enemigo. Así es que apenas fueron intimados por la voz de Bill, se apresuraron a ponerse a salvo en lo alto de los palos, asiéndose al que les permitía más fácil defensa, en tanto que el capitán, después de ver el barco asaltado por los caníbales y de rendirse el brazo dándoles hachazos y cuchilladas, se retiró a toda prisa al camarote de miss Ana, cerrando y atracando la puerta para impedir, o retardar al menos, la bajada de los antropófagos al cuadro de popa.
Los vencedores, reducidos a una tercera parte, pues gran número de ellos yacían muertos o se retorcían por los agudos dolores de sus heridas, celebraron su triunfo con tres poderosos gritos, a los cuales respondieron con entusiasmo los guerreros que quedaron en la playa. Aquél era el anuncio de que el barco estaba en poder de los caníbales y de que el asado de carne humana no se haría esperar.
