Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico LA GRAN MAREA
Durante la noche no ocurrió nada de particular. Los isleños hicieron oír sin interrupción los roncos sonidos de sus conchas marinas, aunque sin abandonar la playa, para intentar un nuevo ataque al buque.
Los marineros, que aguardaban a cada momento ese segundo ataque, no abandonaron un solo instante la cubierta, y para hacer comprender a los salvajes que vigilaban bien, dispararon varias veces el cañón y las espingardas, provocando con ello un nuevo vocerío de los enemigos, acampados en la playa, bajo los grandes árboles que festoneaban.
Cuando despuntó el alba, el capitán, que no había cerrado los ojos en toda la noche, dispuesto a evitar un segundo asalto, vio que había aumentado el número de los enemigos. Sobre las playas había lo menos cinco o seis mil salvajes, y a algunos se les veía llegar de las islas cercanas; pero ninguno de ellos se atrevía a acercarse a la «Nueva Georgia», que parecía infundir a toda aquella gente un supersticioso terror.
—¿Intentarán un nuevo asalto y esperarán a ser más para que les resulte más seguro? —preguntó el capitán a MacBjorn, que observaba atentamente a los salvajes.
