Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico EL REY BLANCO
El capitán Hill, su hija, el piloto y los tres marineros permanecieron algunos minutos sin acertar a pronunciar palabra: tanta fue su sorpresa al oír al salvaje que un hombre blanco se hallaba en aquella isla investido de la dignidad real.
¿Quién sería aquel individuo a quien los azares de la vida arrojaron a dicha isla? Un inglés, o por lo menos, un angloamericano.
¿Era un náufrago arrojado en aquellas playas por alguna tempestad, o tal vez un marinero desembarcado voluntariamente? ¿Sería, en fin, uno de los forzados que huyeron de la «Nueva Georgia» después de su odioso atentado?
Estos eran los pensamientos que embargaban la imaginación de los seis tripulantes.
—¿Quién será? —preguntó Asthor, rompiendo el primero aquel silencio—. ¡Ah, lo que daría por saberlo!
—¿Uno de los presidiarios? —dijo Grinnell.
—Imposible —respondió Fulton—. Koturé ha hablado de uno solo, y los forzados eran ocho.
—Es que pueden haberse ahogado los otros —observó Maryland.
—Ya lo sabremos —dijo el capitán—. Callaos y dejadme interrogar a este hombre.
—¡Sí, sí! —asintieron todos.
