Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —Lo sabréis dentro de poco. Desde el momento en que Bill fue transportado a la cubierta de nuestro barco, yo sospeché quién era realmente. Aquellas señales que tenÃa en las muñecas y en los tobillos me lo explicaron suficientemente claro, y desde el mismo instante me dediqué a vigilarle, sabiendo de lo que son capaces los forzados de la isla de Norfolk, que son los peores de todos, la verdadera hez de los ladrones y de los asesinos de Inglaterra. Él se habÃa dado cuenta, sin duda, de mis sospechas, porque cuantas veces pasaba por su lado lanzaba sobre mà miradas de odio profundo, en las que podÃa leerse el más hondo deseo de deshacerse de mi persona, que para él constituÃa un peligro. Además creo que tenÃa otro motivo de odio, y era que me suponÃa su rival en amor.
—¡Su rival! —exclamó el capitán con sorpresa, mientras Ana se ruborizaba.
—SÃ, porque él secretamente amaba a miss Ana.
—Pero ¿eso es verdad? Me resisto a creerlo —dijo el capitán.
—SÃ; Collin tiene razón —replicó la joven—. Aquel miserable habÃa puesto sus ojos en mÃ. Me miraba siempre, trataba de satisfacer mis menores deseos, me seguÃa sin cesar, y aún me acuerdo que en el momento en que la «Nueva Georgia» varaba en los arrecifes de Fidji, me dijo: «¿Queréis vivir o morir?» Y entonces fue cuando se decidió a echar aceite en el mar.