Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —Sà —respondió éste—. He visto un hombre delgado como un cangrejo ladrón, y me pareció el jefe de los otros.
—¡Es MacBjorn! —dijo el capitán—. El lugarteniente del infame Bill. ¡A Dios gracias, creo que ha llegado el dÃa de la venganza! Asthor, tú irás a la costa con los marineros y una escolta de indÃgenas y traerás aquà nuestro pequeño cañón, fusiles y abundantes municiones para demoler la caverna de esos facinerosos.
—Sólo espero vuestras órdenes, capitán.
—Y vos, Collin, dispondréis vuestros más valientes y escogidos guerreros para ayudarnos en la empresa.
—Y enviaré además mensajeros a las aldeas vecinas. Antes de que llegue el dÃa de mañana tendré sobre las armas más de trescientos hombres escogidos.
—¿Y qué pensáis hacer de los forzados? —preguntó Ana.
—Colgarlos del árbol más alto del bosque, miss Ana —dijo Asthor—. Si los salvajes quieren después comérselos, no seré yo quien se oponga.
—No se nos rendirán tan fácilmente —dijo el capitán—; pero si cogemos alguno vivo, lo conduciremos con nosotros a Australia para que vuelvan a llevarlo a la isla de Norfolk.
—¿Podré yo ir también a la caverna? —preguntó Ana.