Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico LA BANDA DE BILL
Durante la noche, en la pequeña capital del rey blanco, reinó una extraordinaria animación.
Los guerreros que acampaban en la plaza no pegaron ojo.
Se les oía cuchichear, gritar, sonar sus conchas marinas, ir y venir, como si estuvieran impacientes por partir para la costa septentrional de la isla, donde contaban con entregarse quién sabe a qué monstruoso banquete.
De cuando en cuando llegaban de los pueblos más lejanos nuevos refuerzos de guerreros, los cuales hacían su entrada en la capital con un ruido de dos mil diablos. Se comprendía que el entusiasmo había llegado a su colmo y que todos querían tomar parte en la expedición, siendo como era la guerra casi una diversión para aquellos pueblos salvajes, que peleaban como si estuvieran en una fiesta.
Al alba, Collin, el capitán y los marineros estaban ya en pie, prontos a partir. Cuando aparecieron en la playa fueron acogidos con gritos de entusiasmo.
Unos trescientos guerreros armados con mazas, lanzas y arcos estaban formados ante la gran tienda con sus respectivos jefes a la cabeza.
