Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico LOS ESCOLLOS
Ni el capitán Hill, que se hallaba sobre el puente de mando; ni el viejo Asthor, que concentraba todos sus esfuerzos en la barra del timón para mantener el barco en el buen camino; ni la tripulación, muy ocupada en las maniobras, en eludir las olas que a cada momento inundaban la cubierta, y, sobre todo, en cuidar de las velas bajas, se dieron cuenta de la caída del teniente Collin.
El irritado mar y las tinieblas habían ocultado aquel asesinato, tan detenidamente premeditado por el siniestro hombre y tan fríamente consumado.
Una vez en cubierta, el náufrago se había deslizado cautelosamente a proa y parecía ocupado en la maniobra de los foques, seguro de no haber sido visto por nadie, pues la oscuridad no permitía distinguir nada a pocos metros de distancia. A pesar de su aparente calma, más de una vez se había inclinado sobre la proa para observar profundamente aquellas aguas irritadas, y escuchando con atención, ante el temor de que el pobre teniente siguiera al barco y pidiese socorro.
