Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Nadie ignora que tienen provisión de cuerdas para nosotros —dijo riendo Carmaux—. ¡No os preocupéis, señor Morgan; nos guardaremos de ellas! Decidnos qué hemos de hacer en Cumana.
—Informaros de la ruta seguida por el conde de Medina, de la nave que haya fletado y de su exacto destino.
—¿Queréis atacarla antes de que llegue a la América Central?
—SÃ, si me es posible.
—¿Cómo iremos a Cumana? ¿A pie?
—En la ballenera, que está Pedro abasteciendo de velas y de redes.
—Entonces, ¿nos fingiremos pescadores?
—Lanzados por la tormenta a las costas de Venezuela. Yo trataré de cruzar dentro de dos dÃas ante aquella bahÃa para recogeros, y no partiré sin saber de vosotros. He mandado colocar en la chalupa cohetes, que encenderéis en cualquier lugar de la costa si nos necesitáis.
—¡Muy bien, señor Morgan! —dijeron ambos.
—Id a hacer vuestros preparativos. La ballenera está ya en el agua.
Carmaux y Wan Stiller vaciaron sus vasos, se levantaron rápidamente y desaparecieron en la cámara común de proa.