Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Valiente recibirá tal espolonazo, que caerá al primer golpe!
—¡Será Zambo quien caiga!…
—¡Veinticinco piastras por Valiente!
—¡Cincuenta por Zambo!
—¿Y vos, don Rafael?
—Yo apostaré por Plata, que es el más robusto de todos y ganará la victoria final.
—¡Canario! ¡Ese Plata es un poltrón!
—Como queráis, don Alonso; pero yo espero su turno.
—¡Basta!
—¡Adelante los combatientes!
—¡No va más!
Un toque de campana anunció que habÃan terminado las apuestas.
A los ensordecedores clamores de antes sucedió un silencio tal, que se hubiera podido oÃr volar una mosca.
Dos hombres habÃan entrado en la sala por distintas puertas y se habÃan colocado en los dos extremos de la mesa.
Llevaban entre los brazos dos robustos gallos: el uno, todo negro, con plumas de reflejos azulados y dorados; el otro, rojo y con estrÃas blancas y negras.