¿Me hablas a mí?
¿Me hablas a mí? Uno de los primeros campeones de la retórica no es humano, sino literario. Satán, en el Paraíso perdido de Milton, se convierte en un modelo de elocuencia y desafío. Su habilidad para manipular el ethos y el pathos lo hace un maestro de la persuasión, seduciendo incluso a los ángeles con argumentos brillantes que exaltan la libertad sobre la sumisión. Su discurso, lleno de antítesis y figuras retóricas, no solo inspira a su séquito, sino que convierte su derrota en un acto de dignidad.
Cicerón es el ejemplo clásico del orador que combina lógica, pasión y autoridad. En discursos como las Catilinarias , dirigidos contra el conspirador Catilina, Cicerón muestra cómo estructurar un argumento que desarma al oponente mientras enardece a la audiencia. Con su dominio de las cinco partes de la retórica, Cicerón defendía no solo a sus clientes, sino también los valores de la República, usando un lenguaje preciso, emocional y cargado de ethos.