La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Resueltas tan difíciles cuestiones como las relativas al comienzo de este mundo y del género humano, el plan de la obra nos exige ya el debate que hemos iniciado sobre la caída del primer o, mejor, de los primeros hombres, el origen y la propagación de la muerte en la Humanidad. Dios no había creado a los hombres como a los ángeles, inmortales aunque pecaran, sino que los creó en tal condición que si cumplían con el deber de la obediencia, se verían coronados con la inmortalidad angélica y la eternidad feliz, pero si desobedecían, sufrirían como justo castigo la pena de la muerte. De esto ya hemos hablado en el libro anterior.
CAPÍTULO II
Posible muerte del alma, aunque de alguna manera ha de vivir siempre, y muerte a que está sujeto el cuerpo