La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios En cambio, los hombres que pertenecen a la gracia de Dios, conciudadanos de los ángeles santos, viviendo una vida feliz, de tal modo serán revestidos de cuerpos espirituales que no pecarán ya más ni morirán; y serán revestidos de tal inmortalidad que, como la de los ángeles, no les podrá ser arrebatada por el pecado: permanecerá, sÃ, la naturaleza de la carne, pero no quedará en absoluto corruptibilidad o torpeza alguna.
7. Queda todavÃa una cuestión que necesariamente hemos de tratar y resolver con la ayuda del Señor, el Dios de la verdad. Las bajas pasiones de los miembros desobedientes nacieron del pecado de desobediencia en los primeros hombres: fueron abandonados de la gracia divina, y se les abrieron los ojos sobre su desnudez, esto es, la advirtieron al mirar con más curiosidad y cubrieron sus vergüenzas. El albedrÃo de la voluntad no fue capaz de resistir al impulso vergonzoso. Si esto es asÃ, ¿cómo habrÃan de propagar los hijos, en el supuesto de permanecer sin la prevaricación, en el mismo estado que fueron creados?
Pero como ya debemos dar fin a este libro, y no podemos restringir cuestión tan importante a una extensión limitada, será más oportuno diferir su estudio para el libro siguiente.
LA CIUDAD DE DIOS
CONTRA PAGANOS