La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios No habla Dios a los ángeles como hablamos nosotros entre nosotros, o hablamos a Dios, o a los ángeles, o nos hablan los mismos ángeles a nosotros, o Dios por su medio: Dios les habla de un modo inefable, y a nosotros nos muestra esto a nuestro modo. El lenguaje de Dios es más sublime antes de la obra, y es la razón inmutable de esa misma obra; y sin sonido que resuena y pasa, tiene una fuerza que permanece eternamente y actúa en el tiempo. Con este lenguaje habla a los ángeles y de distinta manera a nosotros que estamos lejos. Pero, cuando con nuestro oÃdo interior percibimos algo de este lenguaje, nos acercamos a los ángeles. Asà que no voy a estar dando explicación sobre el lenguaje de Dios en esta obra. De dos maneras puede hablar la Verdad inmutable: ya habla por sà misma de manera inefable a la mente de la criatura racional, ya por medio de imágenes espirituales a nuestro espÃritu, o con voces corporales al sentido del cuerpo.