La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Orden y naturaleza de las promesas hechas por Dios a Abrahán
Vengamos ya a considerar las promesas hechas por Dios a Abrahán. En ellas comienzan a hacerse más claros los oráculos de nuestro Dios, esto es, del Dios verdadero sobre el pueblo de los santos, anunciado por la autoridad de los profetas. He aquà la primera: El Señor dijo a Abrahán: Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y servirá de bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.
Notemos las dos cosas que se le prometen a Abrahán: una, que su descendencia poseerá la tierra de Canaán, lo que se significa por aquellas palabras: A la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo; la otra, mucho más importante, que se refiere no a la descendencia carnal, sino a la espiritual, por la cual se convierte en padre, no de sólo el pueblo de Israel, sino de todos los pueblos que siguen las huellas de su fe, y comenzó a prometerse con estas palabras: Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.