La Ciudad de Dios

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No está claro si en esta promesa se contiene la otra que le constituyó padre de todos los pueblos. Puede parecer que se refieren a esto las palabras:Haré a tus descendientes como la arena de la tierra. Donde se ve la expresión llamada por los griegos hipérbole, que es una metáfora, pero no propia. De ella, al igual que de los demás tropos, suele usar la Escritura, como nadie que la conozca puede ponerlo en duda. Pero esta figura, es decir, esta manera de hablar, se usa cuando lo que se dice tiene un alcance inmensamente superior a lo que se significa con la expresión. ¿Quién no ve, en efecto, cuán incomparablemente mayor es el número de las arenas de la tierra que puede ser el de todos los hombres desde Adán hasta el fin de los siglos? ¿Cuánto, pues, será mayor que la descendencia de Abrahán: no sólo la que pertenece al pueblo israelita, sino también la que hay y habrá por la imitación de la fe entre todos los pueblos del mundo entero?

Esta descendencia, en comparación con la multitud de los impíos, se encuentra en franca minoría; aunque esa minoría alcance una multitud innumerable, que fue significada hiperbólicamente por la arena de la tierra. Cierto que esta multitud que se le promete a Abrahán no es innumerable para Dios, sino para los hombres; para Dios no lo es ni la arena de la tierra.


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