La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Hablándole Dios en esa misma visión, le dijo también: Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra. Y preguntándole Abrahán cómo sabrÃa que iba a ser heredero de ella, le dijo Dios: Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón. Abrahán los trajo y los partió por medio colocando una mitad frente a otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrahán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrahán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El Señor dijo a Abrahán: Has de saber que tu descendencia vivirá como forastera en tierra ajena, tendrá que servir y sufrir opresión durante cuatrocientos años, pero saldrá con grandes riquezas. Yo juzgaré al pueblo a quien han de servir, y al final saldrán cargados de riquezas. Tú te reunirás en paz con tus abuelos, y te enterrarán ya muy viejo. A la cuarta generación volverán, pues hasta entonces no se colmará la culpa de los amorreos. El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados. Aquel dÃa el Señor hizo alianza con Abrahán en estos términos: A tus descendientes les daré esta tierra, desde el rÃo de Egipto al gran rÃo Éufrates: la tierra de los quenitas, quenizitas, cadmonitas, hititas, fereceos, refaÃtas, amorreos, cananeos, guirgaseos y jebuseos.