La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 3. Las palabras dichas a Abrahán: Has de saber que tu descendencia vivirá como forastera en tierra ajena, tendrá que servir y sufrir opresión durante cuatrocientos años, se refieren clarísimamente al pueblo de Israel, que había de estar como esclavo de Egipto. No porque aquel pueblo había de pasar cuatrocientos años en esa servidumbre bajo la opresión de los egipcios, sino que se anunciaba que eso había de suceder en los cuatrocientos años. Lo mismo que se escribió de Taré, el padre de Abrahán: Taré vivió doscientos cinco años en Jarán61; no porque vivió allí todos esos años, sino porque allí se acabaron. Así que se interpuso: Tendrá que servir y sufrir opresión durante cuatrocientos años, porque este número se completó en esa opresión, no porque fuera pasado allí todo él.
Se habla de cuatrocientos años por la perfección del número, aunque hayan sido algunos más: ya se computen desde el tiempo en que se hacían estas promesas a Abrahán, ya desde que nació Isaac, a causa de la descendencia de Abrahán, que es el objeto de estas promesas. Puesto que se cuentan, como ya dijimos arriba, cuatrocientos años desde el año setenta y cinco de Abrahán, cuando se le hizo la primera promesa, hasta la salida de los israelitas de Egipto. Los recuerda el Apóstol con estas palabras: Quiero decir esto: Una herencia ya debidamente otorgada por Dios no iba a anularla una ley que apareció cuatrocientos treinta años más tarde62.