La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios No hay aquí deseo lascivo alguno ni perversa torpeza. La esposa entrega al marido la esclava por la procreación, por la misma procreación la recibe el marido: una y otro buscan no la lujuria pecaminosa, sino el fruto de la naturaleza. Y así, al ensoberbecerse la esclava encinta, siguiendo estéril la señora, atribuyó Sara a su marido esto más bien con celos de mujer. Abrahán demostró de nuevo que no había sido un amante esclavizado, sino un padre libre, y que en Agar había conservado la fidelidad debida a su esposa Sara, satisfaciendo no su placer, sino la voluntad de su esposa; recibió lo que se le ofrecía sin buscarlo; se acercó a su esclava sin quedar unido; la fecundó sin haberla amado. De hecho le dice: De tu esclava dispones tú; trátala como te parezca64. ¡Oh varón, que usa de las mujeres como un auténtico hombre: de la esposa, con templanza; de la esclava, por obediencia; de ninguna, con intemperancia!
CAPÍTULO XXVI
Seguridad que da Dios a Abrahán, prometiéndole en su vejez un hijo de la estéril Sara, haciéndolo padre de pueblos y sellando la garantía de la promesa con el sacramento de la circuncisión