La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por lo cual, si también los niños, como confiesa la verdadera fe, nacen en pecado, no propio sino original, por lo cual confesamos les es necesaria la gracia de la remisión de los pecados, ciertamente, al igual que son reconocidos como pecadores, son también prevaricadores de aquella ley que se dio en el ParaÃso. Y asà es verdad una y otra afirmación: He tenido por prevaricadores a todos los pecadores de la tierra, y donde no hay ley no hay violación posible. Por esto, como la circuncisión fue el signo de la regeneración, y con toda justicia la generación destruirá al niño por el pecado original, con que se quebrantó el primer testamento, si no lo libra la regeneración, asà han de entenderse estas palabras divinas, como si se dijera: «Si alguno no fuera regenerado, será arrancada su alma de su pueblo», porque quebrantó el testamento de Dios cuando pecó con todos los demás en Adán.