La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios En este tiempo se dice que existió Pítaco de Mitilene, otro de los siete sabios. Y también los otros cinco, que con Tales, ya citado, y este Pítaco completan el número de siete, escribe Eusebio que existieron cuando el pueblo de Dios era retenido como cautivo en Babilonia. Esos cinco son: Solón, de Atenas; Quilón, de Lacedemonia; Periandro, de Corinto; Cleóbulo, de Lindos, y Bías, de Priene. Todos estos siete llamados sabios florecieron después de los poetas teólogos, porque se adelantaban en cierto género laudable de vida a los demás hombres y reunieron en breves adagios algunos preceptos de moral. Ciertamente que no dejaron, en cuanto se refiere a la escritura, monumento alguno a la posteridad. Solamente se dice que Solón dio algunas leyes a Atenas, y que Tales fue físico y dejó escritos libros con sus enseñanzas.
También en ese tiempo de la cautividad de los judíos florecieron los físicos Anaximandro, Anaxímenes y Jenófanes. Así como brilló igualmente Pitágoras, a partir de quien comenzaron los sabios a llamarse filósofos.
CAPÍTULO XXVI
Contemporaneidad de la libertad judía y romana