La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por eso el mismo profeta, para distinguir la felicidad eterna propia de la nueva alianza, que no se dará sino a los buenos, de la felicidad terrena propia de la antigua, que muchas veces se da también a los malos, dice: Tomaron cuerpo vuestras palabras contra mí, dice el Señor, y dijisteis: ¿En qué te hemos difamado? Habéis dicho: Es vano todo aquel que sirve a Dios. Y ¿qué nos viene a nosotros de haber guardado tus mandamientos y de haber andado en oración delante del Señor omnipotente? Ahora nosotros beatificamos a los extraños y se renuevan los obradores del mal, y los que han ido contra Dios también se salvan. Esto hablaron entre sí los que temían a Dios. Y Dios estuvo atento y escuchó y escribió ante él un libro de memoria a los que temen al Señor y reverencian su nombre. En este libro se significa el Nuevo Testamento. Escuchemos, finalmente, lo que sigue: Y ellos serán mi heredad, dice el Señor omnipotente, el día que yo me ponga a actuar, y yo los elegiré como el padre elige al hijo obediente. Y vosotros mudaréis de parecer, y notaréis la diferencia que hay entre el justo y el injusto, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve. Porque he aquí que llega el día encendido como un horno ardiendo y los abrasará. Todos los extranjeros y todos los pecadores serán como estopa, y ese día que se aproxima los quemará, dice el Señor omnipotente, y no quedarán de ellos ni ramas ni raíces. Y a vosotros los que teméis mi nombre os nacerá el sol de justicia, que trae la salvación a la sombra de sus alas. Saldréis fuera y saltaréis de gozo como novillos sueltos. Hollaréis a los pecadores y serán polvo bajo vuestros pies el día en que yo actúe, dice el Señor omnipotente66. Éste es el que se llama día del juicio, del cual hablaremos más despacio, si Dios quiere, en su lugar.