La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios En este siglo perverso, en estos dÃas calamitosos, en que la Iglesia conquista su exaltación futura por medio de la humildad presente, y es adoctrinada con el aguijón del temor, el tormento del dolor, las molestias de los trabajos y los peligros de las tentaciones, teniendo en la esperanza su único consuelo, si acierta a dar con el consuelo auténtico, se encuentran muchos réprobos mezclados con los buenos. Los unos y los otros se ven reunidos como en la red evangélica89; y en este mundo, como en el mar, nadan encerrados sin discriminación en las redes hasta llegar a la orilla, donde los malos serán separados de los buenos, y en los buenos como en su templo sea Dios todo para todos90. Entonces conocemos que se cumple la palabra del salmo que dice: Intento decirlas y contarlas, pero superan todo número91. Esto se cumple ahora, desde que comenzó por la boca de su precursor, Juan, y continuó anunciando por su propia boca: Haced penitencia porque está cerca el reino de los cielos92.