La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Recogería estas y otras historias semejantes si no hubiera pasado aún el año prometido por la fingida adivinación y creído por la burlada vanidad. Pero habiéndose completado hace algunos años ya los trescientos sesenta y cinco desde que fue instituido el culto del nombre de Cristo por su presencia en la carne y por medio de sus apóstoles, ¿qué otro argumento hemos de buscar para refutar tamaña falsedad? Aun sin poner el comienzo de este culto en el nacimiento de Cristo, ya que de infante y de niño no tenía discípulos; sin embargo, cuando comenzó a tenerlos, se dio a conocer, sin duda, la doctrina y religión cristiana por su presencia corporal, lo cual tuvo lugar después de su bautismo en el río Jordán por el ministerio de Juan. Y por ello se había anticipado a propósito de Él aquella profecía: Dominará de un mar a otro y desde el Gran Río hasta el confín de la tierra106.