La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios De igual modo estas veinticuatro tendencias se pueden duplicar si les añadimos la diferencia propia de los nuevos académicos: uno puede defenderla como cierta, al estilo de los estoicos, que sostenían como único bien -causa de la humana felicidad- la virtud del espíritu. O bien puede admitirla como incierta y sólo probable, al estilo de los neoacadémicos, para quienes no existe la certeza, sino únicamente la probabilidad. Y con esto tenemos ya cuarenta y ocho sistemas: veinticuatro integrados por los partidarios de la certeza de su doctrina como camino hacia la verdad, y otros veinticuatro por quienes sostienen la incertidumbre, con vistas, no obstante, a una probabilidad.