La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 3. Éste es en mis propias palabras el pensamiento de Varrón en su obra citada, lo más clara y brevemente que he podido. Sigue un largo proceso para elegir una sentencia, después de refutar las restantes. La sentencia elegida, según él, es la de los viejos académicos, a partir de su fundación por Platón, con el nombre de Academia, hasta Polemón, su cuarto representante. Éstos, en el sentir de Varrón, mantuvieron sus doctrinas como ciertas. He aquà el motivo que los distingue de los neoacadémicos, para quienes todo es incierto, filosofÃa que tuvo su origen en Arcesilao, sucesor de Polemón. SerÃa muy largo de exponer cómo Varrón cree que este sistema, es decir, la vieja Academia, está libre lo mismo de toda duda que de todo error. No obstante, creo que debo exponer algún aspecto.
Comienza Varrón por eliminar todas las diferencias que multiplican el número de sectas. Y la razón, según él, estriba en que tales diferencias no contienen en sà el bien supremo. No podemos decir -añade- que exista un sistema filosófico distinto de los demás cuando no tiene una concepción diversa de los bienes supremos y de los supremos males. No existe, en realidad, razón alguna para filosofar más que ésta: lograr el hombre su felicidad. Lo que le hace feliz, eso es el bien último. De ahà que la filosofÃa que no sistematice, para su logro, la supremacÃa del bien no la podemos llamar sistema.