La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Éste es el orden que exige la Naturaleza; asà ha creado Dios al hombre: Que tenga dominio -le dice- sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todos los reptiles de la tierra17. Al ser racional, creado a su imagen, no lo ha querido hacer dueño más que de los seres irracionales. No ha querido que el hombre dominara al hombre, sino el hombre a la bestia. Los primeros justos fueron puestos más bien como pastores de rebaños que como regidores de hombres. Trataba Dios de insinuarnos, incluso por este medio, cuáles son las exigencias del orden natural, y cuáles las exigencias de la sanción del pecado. La situación de esclavitud -ahora se comprende- es una justa imposición hecha al pecador. De hecho, no encontramos en pasaje alguno de la Escritura el término esclavo antes de que Noé, varón justo, lo empleara para castigar el pecado de su hijo18. Ha sido, pues, el pecado quien ha acarreado este concepto, no la Naturaleza.