La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Lo que acabo de decir respecto de este pueblo y de este Estado entiéndase, asimismo, afirmado y sentido de Atenas y demás Estados griegos, de Egipto, de aquel antiguo Imperio asirio, Babilonia, cuando sus Estados eran dueños de grandes o pequeños Imperios y, en general, de cualquier otro Estado de la Tierra. La ciudad de los impíos carece de la auténtica justicia, en general, rebelde como es a la autoridad de Dios, que le manda no ofrecer sacrificios más que a Él y, consiguientemente, al alma ser dueña del cuerpo y a la razón, de los vicios de una manera justa y constante.
CAPÍTULO XXV
No pueden existir virtudes verdaderas donde falta la verdadera religión