La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios ¿Dónde están aquí las lamentaciones de Hermes por la tierra santísima de Egipto, mansión de capillas y templos, y que luego había de estar saturada de sepulcros y de muertos? Sin duda, el espíritu falaz que inspiraba esto a Hermes se vio en la precisión de confesar por él mismo que aquella tierra estaba ya repleta de sepulcros y de muertos, a los que honraban los dioses. Pero quien hablaba por él era el dolor de los demonios que deploraban la inminencia de sus penas con las memorias de los santos mártires. Porque en muchos de estos lugares son atormentados y confiesan que se ven arrojados de los cuerpos posesos de los hombres.
CAPÍTULO XXVII
Cómo honran los cristianos a los mártires
1. Y, sin embargo, no establecemos nosotros a los mismos mártires, ni templos, ni sacerdocios, ni solemnidades, ni sacrificios, porque no son ellos, sino su Dios, nuestro Dios. Honramos ciertamente sus memorias como de santos hombres de Dios que lucharon por la verdad hasta la muerte de sus cuerpos para dar a conocer la verdadera religión, refutadas las falsas y fingidas; cosa que si algunos pensaban ya antes, se lo callaban por temor.