La Ciudad de Dios

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Tampoco podemos decir que los demonios no son mortales ni eternos, ya que todos los seres vivientes o viven para siempre o terminan su vida con la muerte. ¿Qué resta, pues, sino que estos intermedios tengan una propiedad de las dos supremas y otra de las dos ínfimas? Pues si tuvieran las dos de los ínfimos o las dos de los supremos, ya no serían intermedios; o se remontarían o descenderían a una u otra parte. Pero como no pueden carecer, según se ha demostrado, de una y otra, tendrán que mediar tomando una propiedad de cada parte. No pudiendo tener de los ínfimos la eternidad, que no existe en ellos, ya tienen una propiedad de los sublimes, y no les queda otra, para cumplir su mediación, sino tomar de los ínfimos la miseria.

2. Así, pues, según los platónicos, es propio de los dioses sublimes la eternidad feliz o la felicidad eterna; de los hombres ínfimos, la miseria mortal o la mortalidad miserable, y de los demonios intermedios, la eternidad miserable o la eterna miseria.






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