La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Es opinión general de los que de cualquier modo pueden hacer uso de la razón que todos los hombres desean ser felices. Quiénes lo son y de dónde les viene la felicidad, que buscan los débiles mortales, ha suscitado muchas y grandes controversias, en que han consumido sus esfuerzos y su tiempo los filósofos. Sacarlas a la palestra y discutirlas es tarea larga e innecesaria. Recuerde quien lea esto lo que tratamos en el libro octavo, al seleccionar los filósofos, con quienes se debatió esta cuestión sobre la vida feliz que seguirá a la muerte: si podemos llegar a ella rindiendo culto religioso al único Dios verdadero, hacedor también de los mismos dioses, o hay que rendirlo a toda una multitud de ellos. Y no espere que repitamos aquí las mismas cosas, sobre todo pudiendo refrescar su memoria con el repaso de aquello, si lo ha olvidado.
Elegimos entonces a los platónicos, justamente considerados los más ilustres de todos los filósofos. Precisamente porque llegaron a conocer que, aunque inmortal y racional o intelectual, no puede el alma del hombre ser feliz sino por la participación de la luz del Dios, por quien ella y el mundo han sido hechos; así como niegan también que pueda uno conseguir lo que todos los hombres apetecen, la vida eterna, si no es uniéndose con limpieza de casto corazón al único Dios altísimo, que es inconmutable.