La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Tomaré la palabra, por fin, contra aquellos que, ya refutados y convictos con pruebas evidentÃsimas, ponen gran celo en sostener la obligación de darles culto, no precisamente buscando un provecho en la presente vida, sino más bien para la vida de ultratumba. Tema éste, si no me equivoco, mucho más complicado, bien digno de una delicada discusión. Se trata nada menos que de discutir contra los filósofos, y no unos filósofos cualesquiera, sino los que gozan ante ellos de la más encumbrada fama, y que están de acuerdo con nosotros en muchos puntos; por ejemplo, la inmortalidad del alma, la creación del mundo por el verdadero Dios, la Providencia divina, gobernadora de todo lo creado. Pero como deben quedar también refutados aquellos puntos en que disienten de nosotros, tomaremos esto como un deber ineludible, de forma que se resuelvan, con la ayuda de Dios, las objeciones contra la religión y luego dejemos firmemente asentada la ciudad de Dios, la verdadera religiosidad y el culto divino, en el cual únicamente se halla la verÃdica promesa de la felicidad eterna.
Quede asà terminado este libro, y emprendamos un nuevo camino, según el plan trazado
LA CIUDAD DE DIOS
CONTRA PAGANOS
Traducción de Santos Santamarta del RÃo, OSA y Miguel Fuertes Lanero, OSA
LIBRO II