Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III Si quisiéramos contemplar el sol de hito en hito y lo pudiéramos hacer sin interrupción, al fin desaparecerÃa de nuestra vista en su ocaso y se nos ocultarÃa tras una nube, y otros muchos obstáculos nos privarÃan del placer de su vista en contra de nuestra propia voluntad. Y, en fin, si no faltase nunca el encanto de la luz a mis ojos, ni el de la voz a mis oÃdos, ¿qué dicha especial me resultarÃa de esto, siendo, como es, común a mà y a las bestias?
En cambio, aquella hermosura de la verdad y de la sabidurÃa, mientras persista la voluntad de gozar de ella, ni aun suponiéndola rodeada de una multitud numerosa de oyentes, excluye a los que a ella se van llegando, ni se emite por tiempos, ni emigra de lugar en lugar, ni la interrumpe la noche, ni la interceptan las sombras, ni está subordinada a los sentidos del cuerpo.
Está cerca de todos los que la aman y se dirigen a ella de todas las partes del mundo, para todos es sempiterna; no está en ningún lugar, y nunca está ausente; exteriormente aconseja e interiormente enseña; hace mejores a los que la contemplan, y a ella nadie la hace peor; nadie juzga de ella y nadie puede juzgar bien sin ella.
Por todo esto es evidente que la verdad es, sin duda alguna, superior a todas las inteligencias, cada una de las cuales sólo por ella llega a ser sabia y juzga, no de ella, sino por ella, las demás cosas.
Concluye la demostración de la existencia de Dios