Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III Ahora bien, estas dos cosas, el cuerpo y la vida, son consideradas como criaturas pues también se llama vida la del mismo Creador, y vida por excelencia. Estas dos criaturas, digo, el cuerpo y la vida, por lo mismo que son formables, como acabamos de verlo poco antes, y por el hecho de que, si perdieran su forma, quedarían reducidas a la nada, prueban suficientemente que subsisten por aquella forma que siempre es la misma.
Por consiguiente, cualesquiera bienes que existen, los grandes y los mínimos, no pueden proceder sino de Dios.
Porque ¿qué cosa puede haber en las criaturas más excelente que la vida inteligente y qué puede haber en ellas inferior al cuerpo? Sin duda ésos son bienes que se hallan sujetos al desfallecimiento y que tienden al no ser, y, no obstante, les queda una cierta forma, de suerte que de algún modo siguen existiendo.
Pues bien, cualquier forma, aun la más imperfecta, que está en un ser mudable y deleznable, procede de aquella forma que desconoce la mutabilidad y el desfallecimiento. Ella impide que los mismos movimientos de los seres que progresan, o de los que retroceden, traspasen las leyes de los números. Por consiguiente, todo cuanto de laudable hay en las criaturas, sea juzgado digno de pequeña o de gran alabanza, todo debemos referirlo a la mayor, excelentísima e inefable honra y gloria del Creador. ¿Tienes algo que oponer a esto?