Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III En efecto, tú has dicho que te parecía no debía habérsenos dado el libre albedrío de la voluntad, porque de él se sirve el hombre para pecar. Habiéndote yo replicado que no se podía obrar bien sino mediante el mismo albedrío de la voluntad, y habiéndote asegurado que Dios nos lo dio principalmente para esto, tú respondiste que debía habernos dado la voluntad libre como se nos dio la justicia, con la cual nadie puede obrar sino justamente.
Esta respuesta fue la que me obligó a dar en el curso de la discusión un sinnúmero de rodeos, con el fin de demostrarte que todos los bienes, tanto los mayores como los menores, provienen de Dios, cosa que no hubiera podido demostrarte tan claramente si antes no la hubieran evidenciado las razones que aduje y desarrollé lo mejor que pude, asistido siempre de la gracia de Dios en tan largo y penoso camino en pro de cuestión tan grave y de tanta trascendencia y en contra de las opiniones de la impiedad estulta, que hace decir al impío: No hay Dios¹².
Aunque estas dos verdades, a saber: que hay Dios y que todos los bienes proceden de Dios, fueran ya antes para nosotros objeto de nuestra fe inquebrantable, sin embargo, de tal manera las hemos dilucidado ahora, que también aparece como evidente esta tercera, o sea, que la voluntad libre del hombre ha de ser considerada como uno de los bienes que el hombre ha recibido de Dios.