Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III XIX 53. Aquí se presenta la cuestión que siempre han acostumbrado a criticar, murmurando entre sí, los hombres, más dispuestos siempre a excusar sus pecados que a acusarlos. Si Adán y Eva pecaron, ¿qué culpa tenemos nosotros, pobres miserables, para nacer con la vergüenza de la ignorancia y las angustias de la debilidad, y para errar desde un principio sin saber qué debíamos hacer, y luego, cuando comenzamos a conocer las normas de la justicia y a quererlas seguir, vernos en la imposibilidad de hacerlo, por la resistencia de no sé qué necesidad de la concupiscencia carnal.
A éstos contestaré brevemente que no se alboroten y que dejen de murmurar contra Dios.Quizá se quejarían con razón si no hubiera habido ningún hombre vencedor del error y de la concupiscencia; pero hállase presente al hombre siempre y en todas partes el Señor, y se vale de todas las criaturas; de mil modos llama hacia sí al que de él se aparta; enseña al creyente, consuela al que espera, exhorta al que le ama, ayuda al que se esfuerza y que escucha al que le invoca. Por eso no se te imputa como culpa precisamente lo que ignoras con ignorancia invencible, sino la negligencia en procurar saber lo que ignoras. Ni tampoco se te imputa el que no puedas dar tú la salud a tus miembros heridos, sino el que desprecies a quien quiere y puede curarte. Estos, éstos son tus propios pecados.