Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III 28. Ag: —¿Qué dificultad hay, por tanto, en conceder que la vida de este hombre es laudable?
Ev: —Ninguna en absoluto; al contrario, todo nos invita y obliga a ello.
Ag: —¿Y qué decir de la vida desgraciada? ¿Puedes juzgar de algún modo que no debemos evitarla?
Ev: —A toda costa pienso hemos de evitarla, y juzgo es lo único que tenemos que hacer.
Ag: —Pero seguramente piensas también que no se debe huir la laudable
Ev: —Más bien pienso se debe procurar con diligencia.
Ag: —Por consiguiente, no es desgraciada la vida laudable.
Ev: —Esto es una clara conclusión.
Ag: —No te quedará dificultad alguna, pienso yo, para conceder que es precisamente vida dichosa la que no es desgraciada.
Ev: —Bien claro está.
Ag: —Por consiguiente, aceptas que es dichoso el hombre que ama su buena voluntad, y que en su comparación desprecia cualquier otro supuesto bien cuya pérdida puede sobrevenir a pesar de la voluntad de conservarlo.
Ev: —¿Cómo no aceptarlo, si a ello nos conduce por necesidad lo que antes hemos concedido?