Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III En tercer lugar, los padres, los hermanos, los hijos, los deudos, los afines, los familiares y todos los que están unidos a nosotros por algún parentesco. Después nuestra misma patria, a la que solemos considerar como a una verdadera madre; los honores y las alabanzas y todo lo que llamamos gloria popular. Y, finalmente, las riquezas, nombre que damos a todas aquellas cosas de las cuales somos dueños legítimos, y de cuya venta o donación parece tenemos facultad.
Cierto que sería difícil y largo de explicar cómo distribuye la ley humana a cada uno lo que le pertenece; aunque tampoco es necesario para nuestro propósito.. Bástenos saber que la potestad vindicativa de esta ley no se extiende más que a poder privar de todos o de parte de estos bienes a aquel a quien castiga. Su fuerza, pues, está en el miedo, y por el miedo inclina y doblega los ánimos para los que fue promulgada a hacer lo que les ordena o prohíbe. Así, temiendo perder estos bienes, usan de ellos según ciertas normas, que son necesarias para mantener la sociedad que es posible constituir con semejantes hombres.