Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III Ag: —Suscitas precisamente aquella cuestión que tanto me atormentó a mí siendo aún muy joven, y que, después de haberme fatigado inútilmente en resolverla, me empujó hasta caer en la herejía de los maniqueos. Quedé deshecho de esta caída y tan abrumado bajo el peso de un tal acervo de estúpidas fábulas. Y si mi ardiente deseo de encontrar la verdad no me hubiera obtenido el auxilio divino, no habría podido desentenderme de ellos ni aspirar a aquella mi primera libertad de buscarla.
Y porque en orden a mí actuó con tanta eficacia que resolví satisfactoriamente esta cuestión, seguiré contigo el mismo orden que yo seguí y que me puso a salvo. Séanos Dios propicio y nos ayude a entender lo que hemos creído, ya que estamos ciertos de seguir en esto el camino trazado por el profeta, que dice: Si no creéis, no entenderéis¹. Y creemos que cuanto existe procede del único Dios y que, no obstante, no es Dios el autor del mal. Turba, sin embargo, nuestro ánimo esta cuestión: Si el pecado procede de las almas que Dios creó, y las almas vienen de Dios, ¿cómo, en una relación tan íntima no referir a Dios el pecado?
5. Ev: —Acabas de formular claramente la duda que cruelmente atormenta mi pensamiento, y que me ha obligado y empeñado en esta discusión.
