La vida de Dominguito
La vida de Dominguito Entre Uspallata y Mendoza, media el descenso de la montaña de Villavicencio, tan Iargo, tan árido, tan monótono y sin agua, que los viajeros emprenden la travesía de noche por respeto á las monturas que se fatigarían antes de llegar á la planicie que se divisa desde aquella altura, como un mundo que no tiene otros límites que las brumas, que no son por eso el horizonte, pues al revés, desde el Alto Grande de San Luis (60 lenguas), se divisa el mundo nevado que se extiende tras las montañas de Villavicencio, como desde el cerrito de Santa Lucía en Santiago la vista penetra en el interior de las casas por sobre los altos edificios.
El ferro-carril andino suprimirá en horas esta larga travesía, ahorrando la terrible trasnochada que pudiera apellidarse la noche triste del rico escenario de los Andes. Yo he podido descenderlo (el segundo) en coche; y este año habrá ruta carrozable á Chile, pues los pastos que abundan hoy en Uspallata, la Quebrada y el Puente del Inca de este lado, y los Ojos de Agua del lado de Chile, harán que los carruajes vuelen, "no diré que corran", salvando en posta de caballos la Cordillera central, pues las habitaciones de uno y otro lado están á su base. Un joven italiano se ha puesto en 25 días desde Genova, hasta el Hotel Inglés en la plaza de Santiago, lo que es una rapidez mirada como fabulosa, merced á vapores y trenes acelerados.