El amor y otras pasiones
El amor y otras pasiones
No cabe duda; el conocimiento de la muerte, la consideración del sufrimiento y de la miseria de la vida, son los que dan impulso más fuerte al pensamiento filosófico y a las interpretaciones metafísicas del mundo.
Si nuestra vida no tuviese límites ni dolores, tal vez a ningún hombre se le hubiera ocurrido la idea de preguntarse por qué existe el mundo y se encuentra constituido precisamente de esta manera; todo se comprendería por sí mismo.
Así se explica también el interés que nos inspiran los sistemas filosóficos y los religiosos. Este poderoso interés refiérese sobre todo al dogma de una duración cualquiera después de la muerte. Y si las religiones parecen preocuparse ante todas las cosas de la existencia de sus dioses y emplear todo su celo en defenderla, en el fondo es únicamente porque relacionan con esa existencia el dogma de la inmortalidad y lo consideran como inseparable de ella: sólo les llega al alma la inmortalidad. Si pudiese asegurarse de otro modo la vida eterna al hombre, al punto se enfriaría su ardiente celo por sus dioses, y hasta cedería el sitio a una indiferencia casi absoluta en cuanto se le demostrase de un modo evidente la imposibilidad de la vida futura... Por eso los sistemas materialistas o los sistemas escépticos del todo nunca ejercerán una influencia general o duradera.
