El amor y otras pasiones
El amor y otras pasiones
El rasgo dominante en el carácter nacional de los italianos es una desvergüenza absoluta, que procede de que no se consideran inferiores ni superiores a nada. Es decir, que son alternativamente arrogantes y descarados, o viles y bajos. Por el contrario, cualquiera que tiene pudor es para ciertas cosas demasiado tímido y para otras demasiado altivo. El italiano no es ni lo uno ni lo otro, sino, según las circunstancias, unas veces cobarde, otras insolente.
El carácter propio del norteamericano es la vulgaridad bajo todas sus formas: moral, intelectual, estética y social. Y no sólo en la vida privada, sino también en la vida pública; haga lo que quiera, no deja de ser yanqui. Puede decirse de esto lo que Cicerón dice de la ciencia: Nobiscum peregrinatur, etcétera.
Esta vulgaridad es el extremo opuesto del inglés. Éste, por el contrario, se esfuerza siempre por ser noble en todas las cosas, y por eso le parecen tan ridículos y antipáticos los yanquis. Son, propiamente hablando, los plebeyos del mundo entero. Eso puede en parte depender de la constitución republicana de su estado y en parte de que tienen su origen en una colonia penitenciaria, o porque descienden de ciertas gentes que tenían razones para huir de Europa. El clima puede influir también en algo.
