El arte de ser feliz
El arte de ser feliz Aequam memento rebus in arduis
Servare mentem, non secus in bonis
Ab insolenti temperatam
Laetitia.
[«Recuerda que en tiempos arduos
hay que conservar la ecuanimidad, lo mismo que en buenos
un ánimo que domina prudentemente la alegrÃa excesiva».
Horacio, Carmina, II, 3]
La mayorÃa de las veces, sin embargo, asà como rechazamos una medicina amarga, nos resistimos a aceptar que el sufrimiento es esencial a la vida, de modo que no fluye hacia nosotros desde fuera, sino que cada uno lleva la fuente inagotable del mismo en su propio interior. Al contrario, a modo de un pretexto, siempre buscamos una causa externa y singular para nuestro dolor incesante; tal como el ciudadano libre se construye un Ãdolo para tener un amo. Porque nos movemos incansablemente de un deseo a otro y, aunque ninguna satisfacción alcanzada, por mucho que prometÃa, nos acaba de contentar, sino generalmente pronto se presenta como error vergonzoso, no terminamos de admitir que estamos llenando la bota de las DanaÃdes,[26] sino que corremos detrás de deseos siempre nuevos:
Sed, dum abest quod avemus, id exsusperare videtur