El arte de ser feliz
El arte de ser feliz <Ya he dicho (Tratado sobre la libertad)[78] que, debido al poder secreto que preside incluso los sucesos más azarosos de nuestra vida, deberÃamos acostumbrarnos a considerar todo acontecimiento como necesario,[79] un fatalismo que resulta bastante tranquilizador y que, en el fondo, es correcto. Sin embargo, de la pura ley causal se sigue[80] que verdaderamente posible ha sido sólo aquello (como dice correctamente Diodoro Megarico,[81] en mi obra [El mundo como voluntad y representación], p. 650) que ha llegado a ser real o que aún está por llegar a ser real. Pero el campo de la posibilidad sólo aparece en parte tanto más grande que el de la realidad, porque el concepto abarca de un solo golpe toda una infinidad, mientras que el tiempo infinito en el cual aquélla se realiza, no puede sernos dado, por lo cual no podemos abarcar todo el campo de la realidad, que es infinito como el tiempo, y por eso nos parece más pequeño; en parte se trata sólo de una posibilidad teorética. En concreto, de esta manera: Posible es aquello que puede suceder, pero lo que puede suceder sucede con seguridad, pues de no ser asÃ, no puede suceder. La realidad es la conclusión para la cual la posibilidad aporta las premisas.
