El arte de ser feliz
El arte de ser feliz En ambas formas de suicidio el asunto es, finalmente, el mismo: el sufrimiento insoportable supera las naturales ganas de vivir; pero asà como hacen falta mil onzas para quebrar una tabla gruesa, mientras que una delgada quiebra con una onza, la misma relación hay entre el motivo y la susceptibilidad. Y, a fin de cuentas, es como los accidentes puramente fÃsicos: un leve resfriado mata a un enfermo, pero hay resfriados de los que muere incluso el más sano.
No cabe duda de que el sano, cuando toma esta decisión, ha de luchar mucho más duramente que el enfermo mental, a quien, en el grado más extremo, la decisión no le cuesta casi nada. En cambio, éste ha pasado ya anteriormente un largo perÃodo de sufrimiento hasta llegar a un ánimo tan bajo. Lo que siempre facilita las cosas es que los sufrimientos espirituales nos hacen insensibles para los corporales, lo mismo como a la inversa.
La transmisión hereditaria de la disposición al suicidio demuestra que la parte subjetiva de la determinación parece ser la más fuerte.>[93]
Aristóteles define la vida filosófica como la más feliz: Ética a Nicómaco, X, 7-9.
