El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Ciertamente, a una edad más avanzada también las fuerzas del espÃritu decrecen: pero allá donde hubo mucho, siempre quedará lo bastante para combatir el tedio. Luego sigue aumentando, como se ha dicho antes, la correcta comprensión de las cosas mediante la experiencia, el conocimiento, la práctica y la reflexión. El juicio se agudiza y la conexión de las cosas aparece más clara; se gana, en todos los campos, una visión de conjunto sintetizadora. Asà pues, mediante combinaciones siempre nuevas de los conocimientos acumulados y el enriquecimiento ocasional de los mismos, la propia educación más Ãntima de uno sigue su curso en todos los aspectos, apacigua, satisface y premia el espÃritu. Con todo ello se compensa en cierto grado el aludido decaimiento. Además, como se ha dicho, el tiempo va mucho más deprisa a una edad más avanzada, lo que contrarresta el aburrimiento. La reducción de las fuerzas corporales no es muy grave, con tal de que no las necesitemos para ganarnos la vida. La pobreza en la vejez es una gran desgracia. Pero si se ha podido evitar y se mantiene buena salud, entonces la vejez puede ser una parte muy llevadera de la vida. Sus principales necesidades son la comodidad y la seguridad: de ahà que en la vejez se sienta aún más predilección que antes por el dinero, pues es la compensación de las fuerzas faltantes. Abandonado por Venus, uno buscará gustoso distraerse con Baco. En lugar de la necesidad de ver, viajar y aprender, hará su aparición la de enseñar y hablar. Sin embargo, es una suerte si al anciano todavÃa le queda el amor por el estudio, también por la música, el teatro y, en definitiva, cierta receptividad por lo exterior, como, ciertamente, continúa siendo el caso de algunos hasta la edad más provecta.