El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Nada nos lleva a sentir tan irresistiblemente la más viva empatÃa como el peligro que experimentan vidas ajenas: no hay nada más espantoso que una ejecución. Ahora bien, el apego desmedido a la vida que aquà se manifiesta no puede proceder del conocimiento y la reflexión. A estos les parece más bien necio, puesto que el valor objetivo de la vida es precario y la cuestión de si cabe preferirla a no existir se mantiene, cuanto menos, incierta; es más: si la experiencia y el conocimiento tienen la palabra, el no existir saldrá ganando. Y si alguien llamara a las tumbas y preguntara a los muertos si quieren volver a levantarse, negarÃan con la cabeza.[140]
A quien le guste, pues, el mundo como es, que continúe queriendo la vida y sus bienes. A la voluntad de vivir no le faltará nunca la vida, su reflejo. La muerte deberá tomarla como los demás males: pues todos ellos forman parte de la manifestación de la voluntad de vivir. La amplia mayorÃa de los hombres afirman la vida, la quieren continuada: por ello el mundo existe, los individuos son incontables y su forma es un tiempo infinito.[141]