El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Sin razón, uno se lamenta de la ausencia de alegrías en la vejez y se queja de que le están vedados muchos placeres. Cada placer es relativo, pues no es sino la mera satisfacción, el enmudecimiento de una necesidad; que con el cese de la necesidad el placer desaparezca es tan poco lamentable como que uno después de levantar los manteles ya no pueda comer más y que después de haber dormido a pierna suelta una noche entera ya no pueda dormir. Con mayor acierto Platón (República, 1) considera la vejez la época feliz por el hecho de que acalla por fin el deseo por las mujeres. Las necesidades principales de la vejez son la comodidad y la seguridad; de ahí que en la vejez se ame sobre todo el dinero, como sustituto de las fuerzas faltantes. Luego, las alegrías de la mesa sustituyen las del amor. En lugar de la necesidad de ver, viajar y aprender hacen su aparición las de enseñar y hablar. Pero es una dicha cuando al anciano le queda el amor por el estudio, la música e incluso el teatro.[154]