El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Ahora bien, alcanzar y mantener algo es harto difícil: cada intención se topa con un sinfín de dificultades y esfuerzos y a cada paso se suceden los obstáculos. Pero cuando finalmente todos los impedimentos han sido superados y se ha alcanzado lo que se pretendía, lo que se ha logrado nunca puede ser otra cosa que la de ser librado de un dolor o un anhelo y, por consiguiente, uno no se encuentra sino en la misma situación que antes de que este apareciera. Únicamente la carencia, esto es, el dolor, nos es dado siempre de manera inmediata. Pero la satisfacción y el goce solo podemos reconocerlos de forma mediata, por el recuerdo del dolor y la privación precedentes, que cesaron con su aparición. De ahí que no tengamos en lo que valen los bienes y beneficios que realmente poseemos ni los apreciemos, sino que pensemos que ha de ser así, porque estos satisfacen siempre de manera negativa, alejando el dolor. Solo una vez los hayamos perdido, logramos percibir su valor, pues la carencia, la privación, el dolor son lo positivo, lo que se anuncia de inmediato. Por esa razón, experimentamos alegría al traer a la memoria situaciones pasadas de necesidad, enfermedad, penuria y similares ya superadas, pues ese es el único medio de saborear los bienes presentes.[155]